lunes, 17 de noviembre de 2014

Mamá Lola


Yo no salvé a Lola; fueron unas personas estupendas cuando apenas era una cachorra atada a una farola, llena de pintura. Esas travesuras de niñatos sin oficio que en nuestro país, por desgracia, abundan. 


Instinto maternal


Pero Lola no tiene rastro de ese, ni ningún otro maltrato.  Su mami de acogida, que se llama Loly, hizo la labor de una madre y más.  Tanto amor le dio que Lola, sin haber sido madre nunca, adoptaba a todo cachorro que entraba en casa de Loly. Nadie se explicaba de dónde sacaba esa ternura y disciplina que imponía con una gracia y elegancia que ni el mejor adiestrador hubiera podido enseñarle. Yo creo que Lola es de esos perros que nacen así; viene en su instinto, en su genética. Sólo hace falta encontrar un ambiente propicio de cuidado y cariño para que salga a relucir.  

¿Nadie la quiere?


Cuando vi por primera vez que Lola estaba en adopción, me dije: "esta perra no va a durar ni dos días, la van a adoptar porque es un tesoro". Sin embargo, casi tres meses después volví a ver el post en Internet y me pregunté cómo era posible. En ese momento ya me había comprometido con la adopción de Lalo y Rufo, Maggie ya estaba en la familia y Xenon en acogida.  

Una aliada 


Eran muchos perretes en casa. Pero la intención era iniciar un refugio-campamento juvenil, donde se recuperarían perretes enfermos y con problemillas de conducta.  Así que me dije, que no habría mejor aliada para esta tarea que Lola. Más que adoptarla, contaba con su ayuda. 

Aunque el proyecto no fue posible, porque España no es un país para emprender si no tienes dinero, me quedé con Lola. Y efectivamente, de esta perra tan espectacular, mucho habrá que contar en las "anécdotas de Lola". Sin saberlo ella ni yo, su primera misión fue ayudar en el rescate de Lalo.

Fantina.






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